Se despertó tranquila la mañana,
era fría de sal y pala
y ni un pájaro asomaba.

Las gentes,
a un café de la derrota,
enfrentaban la semana,
otra vez rotas

y ninguno distinguí
entre aquel gentío
que sonriera indiferente
pese al frío.

Yo esperaba quieto
café en mano,
algo dormido te esperaba,
algo agitado.

Y te vi llegar
cuando los pájaros trinaron,
y a tu sonrisa indiferente
pese al frío.